Bonefish y Permit. Fantasmas de los flats.

De un tiempo a esta parte, se había convertido en una obsesión... pescar con mosca en los flats caribeños. Esta palabra en inglés, se usa para definir aquellos lugares con aguas muy poco profundas, que generalmente no superan el nivel de la rodilla cuando se vadean, los que pueden ser bastante acotados o cubrir grandes extensiones de varios kilómetros cuadrados. Estos sectores son famosos por albergar aquellas especies de mayor interés mosquero, como lo son el bonefish o macabí y permit o palometa, además de tarpon, tambien llamado sábalo y snook o róbalo, especialmente cuando el flat colinda con manglares. 



Se llama “Grand Slam” a pescar al menos un ejemplar de cada una de las tres primeras especies el mismo día y “Super Grand Slam” cuando a lo anterior se agrega un snook o róbalo. También se pueden avistar barracudas, tiburones, peces aguja y varios más. 

Tras leer bastante en Internet, hablar con colegas que han ido una o más veces tras estos trofeos caribeños y adecuar mis equipos para dicho propósito, llegó mi anhelada oportunidad. El destino sería la isla de Cozumel y posteriormente Cancún, en la península de Yucatán, México. Se trataría de un viaje de vacaciones con mi señora por una semana, con 3 días de pesca. Puede parecer un exceso, pero aclaro que las jornadas comienzan a las 5 am y se está de vuelta en el hotel alrededor de las 15:00, por lo que aún se dispone de toda la tarde para compartir de la piscina y demás parafernalia junto a la patrona. 

Referente a los equipos, en base a la información recabada, decidí llevar cañas para líneas 7 y 9 WT. Con la primera buscaría básicamente los bonefish y permit, considerando que estos últimos no fueran de gran envergadura, mientras que con la segunda intentaría conseguir los tarpon y snook. Las líneas son de flote, por lo explicado anteriormente sobre la profundidad, y deben ser específicas para aguas tropicales, pues aquellas diseñadas para ambientes fríos y de agua dulce no corren adecuadamente por los pasadores de la caña. En mi caso escogí el modelo Bonefish de Scientific Anglers y además llevé líneas intermedias, por si fueran necesarias para aquellos flats de mayor profundidad. Algo fundamental es equiparse con leaders y tippets de fluorocarbono, pues son más resistentes tanto a la lucha del pez como a la abrasión y prácticamente invisibles en el agua. No olvidemos que al frente tenemos peces extremadamente fuertes y el piso es de arena y/o corales, además de existir obstáculos como plantas de mangle, que el pez busca durante su carrera. Con leaders de 10 a 12 lbs basta para bonefish y de 12 a 16 lbs son suficientes para permit. En el caso de los tarpon, lo mejor es armar el leader uniendo trozos de fluorocarbono, por ejemplo 40 y 20 lbs si los sábalos no son grandes. Si además se desea intentar con barracudas y/o tiburones, hay que contar con wire tippet, para evitar los cortes. 

Antes de entrar en materia, de manera que sea más fácil entender el relato e imaginar las situaciones de pesca, quisiera explicar las principales diferencias que encontré entre la pesca de truchas y la que realicé en los flats. Al pescar truchas, se lanza prácticamente todo el día, independiente de si se ven o no los peces.  Generalmente es el pez quien va a la mosca, moviéndose a buscarla cuando entra en su campo visual. Salvo excepciones, la precisión de los tiros no es absolutamente determinante.Hablo de poner la mosca en un radio de 30 centímetros, desde una distancia considerable. La presentación sólo es importante dependiendo del tipo de mosca y situación de pesca. Principalmente con secas y/o a pez visto.  Salvo excepciones, que las hay, el carrete sólo sirve para guardar la línea y el freno no se usa en demasía.

Al pescar en flats, sólo se lanza cuando se avista un pez, jamás a ciegas. Hacerlo... es perder el tiempo y probablemente se asustarán aquellos peces que haya en las cercanías. Es la mosca la que va al pez y no al revés. Si no cae exactamente donde corresponde, no hay chance de tomada. La precisión de los tiros es fundamental siempre. La presentación en imprescindible, pues los peces son extremadamente asustadizos y están muy alertas.  Un carrete con buen freno es igualmente necesario, acá uno se da cuenta realmente cuál es su función. 



Llegamos a Cozumel luego de un viaje de 16 horas desde Santiago, directo a comer y descansar. Ya tenía guía para Cancún reservado desde Chile, pero aún nada en Cozumel, así es que mi primera gestión al otro día fue contactar a Nacho Euan, de bonefishcozumel.com, para acordar una salida la mañana siguiente. Nos juntaríamos a las 5:30 de la madrugada en una iglesia ubicada en pleno centro, para lo cual debimos tomar un taxi desde nuestro hotel, emplazado en las playas del sur de la isla. Nacho estaba puntualmente junto a Nacho Jr., su hijo, quien sería nuestro guía durante la jornada.

La pesca en Cozumel se realiza en las lagunas ubicadas en el norte de la isla, abiertas al mar y con acceso solo mediante botes. Llegamos al muelle, a las 6 de la mañana, cuando recién comenzaba a aclarar tímidamente, para abordar la embarcación de nuestro guía que, tras algunos inconvenientes con la partida, ya nos tenía en camino a los flats que conforman las mencionadas lagunas. Tras unos 20 minutos de viaje bordeando la hermosa costa norte, llegamos a la entrada de las lagunas y sus impresionantes manglares que hacen de ellas un verdadero laberinto. A poco andar, Nacho apaga el motor, saca una vara con la que impulsará el bote y me pide que arme mis equipos. La ansiedad me agobiaba mientras unía tramos y montaba los carretes. Me recomienda usar un leader de 12 lbs en el equipo #7 y otro de 16 lbs en el #9, ambos de fluorocarbono. -Dejaremos uno para macabí y el más grande por si vemos palometas-, me explica mientras ata una imitación de camarón en el primero y una mosca cangrejo en el segundo. Era la hora de la verdad.



Empuño la número 7, me paro en la proa del bote y saco unos 20 metros de línea para estar atento a ejecutar un lanzamiento rápido, mientras mi guía impulsa lentamente la embarcación en busca de los “fantasmas de los flats”, al tiempo que me instruye sobre la dirección de los lances. La punta del bote son las 12, mi mano izquierda son las 9 y el lado opuesto las 3. No pasan más de 5 minutos cuando me dice -son ellos, están unos 60 metros frente a nosotros-. Yo me esforzaba por ver lo que me indicaba, pero era inútil...no veía nada. -Están pegados a la orilla y giran a la derecha, puede verlos colear-, insiste mi guía y ahora sí los distingo, asomando sus aletas en no más de 15 centímetros de profundidad. Se trata de una escuela de 10 o 12 bonefish que avanzan lentamente, escarbando el fondo en busca de alimento.



Nos acercamos a unos 16 o 17 metros de la escuela, es así como llaman a los cardúmenes y Nacho me pide que haga un tiro delante de los primeros ejemplares. Respiro profundo y realizo un par de falsos casts para ganar distancia, mientras pienso que ni siquiera había tenido oportunidad de soltar un poco la mano antes. En fin... primer lance, distancia adecuada y buena presentación, los peces ni se inmutan. Pero no, mi guía me reprocha que fue demasiado adelante. -Levante rápido y haga un tiro a las 11, catorce metros-, lo cual hago en 2 tiempos, con un solo backcast y lanzamiento. -¡Buen tiro!, dice Nacho, -muévasela, muévasela… eso, ya la siguen!, me indica mientras yo observo la escena en cámara lenta y casi sin aliento. Siento que se detiene la línea y no hago nada. ¡Casi me mordí las manos para no clavar al estilo truchero!.  Sencillamente afirmo la línea contra la caña con la mano derecha, siempre apuntando hacia abajo en dirección al pez y lo dejo comer. La clavada ocurre automáticamente cuando el macabí se gira y… ¡Agárrate cabrito! Levanto la caña, alejo la línea sobrante con la mano izquierda para evitar enredos y veo como se esfuma entre mis dedos en un par de segundos, para dar paso al freno del carrete… ¡Que carrera, que sinfonía! ¡Se fue toda la línea y casi la mitad del backing en un suspiro! Me estaba preocupando, cuando el bonefish detiene su huida y me permite comenzar a recoger. Estaba en eso y mi oponente decide hacer una segunda arrancada, que casi me parte los dedos con la manivela del carrete... ¡La saqué barata! En un par de minutos finalmente cede y lo acerco al bote para la tan anhelada foto. -Muy buen tamaño-, me dice Nacho mientras lo tomo con cuidado y Claudia inmortaliza el momento con mi cámara. ¡Que felicidad, al segundo lance ya tenía mi primer hueso! Mi guía me felicita y abro una lata de cerveza para celebrar… ¡Ya casi eran las 8 de la mañana y había que hidratarse! 



Ya con confianza por el macabí y sin los nervios iniciales gracias a la cerveza, ajusto un poco más el freno del carrete y seguimos en busca de la siguiente escuela, que no tardó en aparecer. Sin embargo, la confianza jugó en contra esta vez, lance en dirección al cardumen desde mucha distancia y la mosca cae sobre los primeros peces… ¡Adiós escuela! -Espere a que yo le diga para hacer el tiro, estábamos muy lejos y no vio los de adelante- me explica Nacho. Nada que hacer, a seguir buscando.



Mas tarde, después de unos 10 o 15 minutos,  avistamos la siguiente, pero habían demasiados mangles y obstáculos entre los bones y nosotros, así es que decidimos bajar del bote y caminar. Ya a distancia de tiro me cuesta mucho distinguirlos desde tan baja altura y si no es por las instrucciones de Nacho, les hubiera lanzado la línea encima de nuevo. -Haga un tiro de 8 metros a las 10 -es su instrucción, la que cambia en cuanto cae la mosca. -Viraron, tire 12 metros a la 1 rápido… ¡eso, buen tiro, muévasela!-. Pero estos macabíes no la iban a hacer fácil. Pasaron, giraron y se alejaron de nuestra posición rápidamente, aunque estaba seguro que no nos habían visto. Se me escaparon un par de chilenismos antes que Nacho me alertara de que volvían directamente hacia nosotros y que lanzara corto y rápido delante de ellos antes que nos vieran. El tiro fue bueno, 2 strips y tomada. Misma secuencia anterior, me aguanto el reflejo de clavar con la caña y ya soy espectador privilegiado de la imponente corrida de mi segundo bonefish. Este no se lleva tanto backing como el anterior, gracias al freno más apretado, pero saca toda la línea y varios metros más como si nada. ¡Impresionante la potencia de estos peces, es como tener a 3 o 4 truchas grandes tirando en conjunto al final del leader! Claudia aprovecha también de levantar el pez y tomarse un par de fotos. Imposible no abrir otra cerveza para celebrar… ¡Estamos en el caribe y ya hace calor!



Llevábamos un buen rato sin ver actividad y de improviso Nacho me dice en voz baja que cambie de caña. Veo un ‘aguaje’ grande, viene una escuela de palometas a las 10-. Efectivamente observo que se mueve el agua y una estela pasa rápidamente frente a nosotros sin darme la oportunidad de intentar un lanzamiento. Ni siquiera alcancé a lamentarme, porque al girar la cabeza veo un grupo de aletas que sobresale de la superficie y se mueve lentamente. Sabía que no eran bonefish, se los apunto a mi guía y confirma mis sospechas: -¡son ellas, son palometas!-. No alcanzó a empujar el bote en dirección a los permit, cuando me mira con espanto al darse cuenta que mi línea ya está en el aire… -Nooo, espere, espere-, me dice en voz baja pero evidentemente contrariado. Era demasiado tarde, mi ansiedad fue más fuerte y decidí lanzar desde 23 o 25 metros. Con una caña #9 la distancia no fue problema, pero la precisión sí... la línea cayó en medio de los peces, que deben haber sido 3 o 4, y estos desaparecieron instantáneamente de nuestra vista. Ni siquiera quise mirar a Nacho… ¡Me quería matar! ¡Tuve la opción de lanzarle a un grupo de permit de buen tamaño, que además estaban comiendo y la desperdicié por un descontrol!. Una vez más, nada que hacer y a seguir buscando.



 Lamentablemente no volvimos divisar palometas en el resto del día, pero sí muchos más bonefish. Enganché 10 en total, de los cuales 8 llegaron a mis manos y 2 cortaron al enredarse en los mangles durante su impresionante corrida. 

Gran día de pesca y que debut en el caribe. Pudo ser mucho mejor, pero es definitivamente difícil y muy diferente respecto a lo que acostumbramos, así es que volví al hotel feliz.  

Ya más tranquilo y tomando una piña colada en la piscina, me di cuenta que la cantidad de errores que cometí fue inmensa durante la jornada y que, considerando eso, mi cosecha había sido muy buena. Ahora había que relajarse y esperar por el próximo desafío en Isla Blanca, Cancún. 



Dos días más tarde, tras volver a cruzar el ferry hacia Playa del Carmen y el correspondiente transfer a Cancún, ya estábamos instalados en nuestro hotel y yo no podía pensar en otra cosa que la pesca del día siguiente. En mi mente solo había espacio para una idea, que a esas alturas se transformaba en obsesión...¡pescar un permit!.

Humberto, mi guía, pasaría buscarme a las 5:30 de la mañana para dirigirnos al sector de Isla Blanca, ubicado al norte de Cancún. No fue necesario esperar a que sonara el despertador, porque pasadas las 4:30 am la ansiedad se había encargado de tenerme en pie y una hora después ya estaba en la camioneta de mi guía, disfrutando de una amena conversación, camino a nuestro destino. Unos minutos antes de las 6 llegamos a un muelle ubicado al interior de una propiedad privada, donde Humberto mantiene su embarcación. Mientras él preparaba todo para el zarpe yo me concentré en armar mis equipos, cambiar los leaders según sus recomendaciones y revisar los nudos. Cargué ambas cañas con líneas de flote, atando al final de la línea #7 un leader de fluorocarbono de 12 lbs y en la #9 un trozo del mismo material, de 40 lbs de resistencia, unido a un metro de wire tippet de 30 lbs. 

El objetivo era usar el primer equipo para permit y el segundo en caso de avistar tiburones pequeños o barracudas. Con este propósito, Humberto dispuso una imitación de cangrejo en la caña #7 y una de mis moscas para sierra (imitación de sardina) en la #9.



A continuación abordamos su bote y ya estábamos en camino hacia nuestro primer spot, Cayo Ratón, lugar al que llegamos en unos 35 o 40 minutos. Se trata de un pequeño islote , pegado a la costa, que está rodeado de un impresionante flat de varios kilómetros cuadrados. A diferencia de Cozumel, acá no hay manglares ni otros obstáculos que interfieran en la corrida del pez al final de la línea: ¡Punto bueno! Sin embargo, el flat es más profundo que el que había pescado en la isla y, por lo tanto, no existe ninguna posibilidad de ver peces colear, debiendo afinar la vista al máximo para poder ubicar nuestras presas: ¡Punto malo!



Humberto apaga el motor, saca su bastón para impulsar el bote y me pide pararme en la proa con mi línea lista para lanzar, al tiempo que enciende mi ilusión: -estamos en zona de palometas, buscaremos escuelas pequeñas, peces solos y rayas que lleven palometa alimentándose atrás-. Avanzamos lentamente por espacio de media hora, observando atentamente el entorno, sin resultados alentadores. Solo divisamos barracudas pequeñas y rayas que viajaban solas, sin su apetecido acompañante.



Pasaron unos 20 minutos más sin señales de permit, hasta que Humberto me indica que habíamos llegado al sector donde preferentemente se pueden encontrar bonefish o macabíes, por lo que decide cambiar la mosca a una Crazy Charly que yo mismo había atado unos meses antes. No pasa mucho antes de toparnos con la primera escuela de “huesos”, pero solo mi guía era capaz de distinguirlos. ¡Si en Cozumel me había costado, acá realmente se me hacía imposible! El color de sus lomos era prácticamente el mismo del fondo del flat y solo sus sombras los delataban, cuando me concentraba al máximo en verlos. Hice varios tiros sin resultados por mi dificultad de distinguirlos, espantando un par de escuelas. Bastó que pudiera identificar con claridad al primer ejemplar del siguiente grupo, para hacer un lanzamiento preciso, sin espantar a los demás, y conseguir mi primera tomada, seguida de la frenética corrida y el canto del freno de mi carrete. Humberto me toma la correspondiente foto y lo devolvemos al flat para ir en busca del siguiente, que llegó luego de otro par de tiros fallidos. Este bone era un poco más grande y sus carreras también metieron más presión a mi equipo, antes de poder acercarlo al bote para inmortalizar el momento. 



Los 2 macabíes sirvieron para sacarme un poco los nervios, soltar la mano y ganar confianza de cara al verdadero desafío. Pese a que avistábamos escuelas muy a menudo, le pedí a Humberto que las ignoráramos para volver a la zona de palometas. Ya había pescado bonefish y prefería pasar el resto de la jornada buscando mi trofeo, aunque esto implicara no pescar nada más en lo que quedaba del día. Guardé la Crazy Charly en mi caja y volví a atar el cangrejo al final del leader, al tiempo que me concentraba en ver cualquier distorsión en el agua o aguaje, como le llaman por esos lados. De la nada aparece un permit de buen tamaño que se desplaza velozmente de derecha a izquierda, respecto a mi posición. -¡Palometa!-, me dice Humberto, -a las 2, ¿ya la ves?-. Contesto afirmativamente y levanto la línea para intentar un lanzamiento rápido antes que pase, lo que hago con suficiente distancia pero atrás del pez, que fue demasiado rápido y no me dio opción. Ni siquiera pude efectuar un segundo ensayo, pues antes de poder levantar nuevamente el permit ya estaba lejos de nosotros. Proseguimos nuestra búsqueda, espantando con el bote a 2 palometas que se esfumaron despavoridas sin darnos chance de hacer nada: habían visto el bote antes que nosotros pudiéramos avistarlas.



Humberto me reconforta diciéndome que está prácticamente seguro que pescaré una, - Lanzas bien y vas a tener una buena chance, solo debes estar tranquilo para aprovecharla-. Yo estaba complicado pensando en lo difícil que era… Ni siquiera me daban opción de lanzar y cuando lo había hecho, sus rápidos movimientos me dejaron completamente fuera de foco. A la siguiente oportunidad, lo que a mis ojos parecía un gran tiro espantó al pez con el solo caer de la mosca al agua. La distancia era considerable, pero igualmente conseguí poner el cangrejo a menos de un metro frente al permit y con una presentación bastante decente… ¡No fue suficiente y desapareció de mi vista en una fracción de segundo, dejando una nube de arena en el agua!



Mi cabeza estaba al borde del colapso y el fracaso se acercaba dramáticamente a medida que la hora avanzaba sin contemplaciones. -Tranquilo, insistía Humberto, no has tenido todavía una oportunidad suficientemente clara y estoy seguro que la tendrás… ¡tranquilidad es lo que te pido!-. Nos desplazábamos en silencio, ambos concentrados en el agua y curiosamente soy yo, quien divisa una cola negra asomarse tímidamente en la superficie. -¿La viste?-, le pregunto a mi guía. -Sí, es una raya… veremos si lleva palometa-, responde Humberto. ¡Yo no había visto la raya, sino la cola del permit por lo que despejé inmediatamente su duda!. -Está bien, tranquilo. No vayas a lanzar, van lento y puedo ponerte en una mejor posición-, me advierte Humberto para asegurarse que no cometa un error. Cuando posiciona el bote a la derecha del avance de la raya y el permit, a favor del viento para facilitar mi lanzamiento, me dice que no piense en la palometa y le apunte a la raya. La distancia era de 15 a 17 metros en diagonal desde nuestra embarcación. -Le vas a apuntar a la raya, puedes pasarte con el leader pero no con la línea, de lo contrario la perdemos-, es la clara instrucción que recibo antes de intentar el lanzamiento. Sin embargo, el miedo a pasarme y espantarla me juega una mala pasada y el tiro queda corto. 



Ni siquiera esperé a que Humberto dijera algo… ¡en ese momento sólo existía la raya, la palometa y mi línea! Levanté de manera instantánea y, con un solo backcast, volví a lanzar con una precisión y delicadeza que me dejó helado al ver caer la mosca certera sobre la raya. Sólo la voz de mi guía me sacó del trance: -¡Perfecto! Trabájale, trabájale… ¡Te va a comer!-. Vi pasar la raya, girar el permit y detenerse mi línea en lo que me pareció una eternidad, antes de reaccionar alejando la línea sobrante con la mano izquierda y levantar la caña cuando estuve seguro de que la palometa se había clavado correctamente. La corrida es indescriptible… ¡Aún más intensa, veloz y potente que la de un bonefish! ¡No lo podía creer! ¡Lo que 3 minutos atrás parecía imposible, se había transformado en realidad! No tengo idea cuánto habrá durado la pelea, pero a mi me pareció una vida entera y solo me concentraba en no perderla para tener mi anhelada foto. Apenas Humberto la pudo meter en el chinguillo, me lo entrega: -¡Ahí está tu palometa!- Me tomó algunas fotos, en las que mi sonrisa solo fue disimulada por el buff que usaba para protegerme del sol caribeño, y soltamos “mi permit” para que volviera a su hogar en el flat. ¡Qué tremendo adversario!¡Qué gran día de pesca y qué felicidad! Pero no todo en el mundo es alegría, porque al abalanzarme sobre el cooler del bote para brindar, compruebo con espanto que este solo contiene Coca Cola… ¡Bueno, nada que al volver al hotel no se pueda solucionar! END

Dedico este relato con mucho cariño a Rodrigo, mi hermano y eterno compañero de pesca. 


Autor: Cristóbal Tapia Chamy.
staff CHILECAST.
Fotografía: Claudia Matus, Humberto Marfil de Cancun, Nacho Euan Jr. de Cozumel y Cristobal Tapia Chamy.
Edición: Cristobal Tapia Chamy.
Post edición para BTA: Jorge Aguilar Rech.
CHILECAST Pesca con mosca.
Copyright 2014-2015.
Con autorización para publicar en 
BROWN TROUT ARGENTINA.

El Farallón Dreamers. Vidriolas.

Pescar en aguas marítimas es... en esencia,  enfrentarse a la sorpresa... a la incertidumbre de ignorar cual va a ser nuestra captura. La sensación de ignorar que va a atacar nuestra mosca, su tamaño, y su fisiología es una experiencia insuperable. El dinamismo de las masas acuáticas, la termodinámica, la geografía, los vientos, los accidentes... son algunos de los factores que dinamizan constantemente la relación entre las especies. Eso... la hace fascinante.


Esa mañana de Marzo, nos dirigimos con Ignacio Girardi y Cristóbal Tapia Chamy de Chilecast, a buscar al Sierra. Las cuales son habituales de la Caleta Higuerillas, Quinta Región, República de Chile. Conocíamos el power de este animal. Conocimiento que nos llevaría a aumentar todas las cuantías de las varas, y tippets, utilizando unos 30 cm de wire tippet, para enfrentar la captura.

La Caleta nos recibía con el típico aroma a pescado, la brisa constante desde la costa y el alarido jocoso de las gaviotas. El sol apenas asomaba y se atrevía a brillar en los planos del mar.

Preparamos los equipos y entre las barcazas amarillas y rojas, llegamos a la escalinata de hierro. Seis peldaños abajo de acero corroído, nos dejarían el bote. Acomodados y lleno de sueños, partimos a la zona del Farallón. 


Lo ruidos urbanos y los chillidos de la caleta se iban acallando, mientras nos alejábamos de la costa. El mar estaba sereno. En el oriente fijo, se divisaba el roquerio rodeado de espuma y pájaros. Jorge, el guía... había puesto la proa con ese rumbo. Rumbo al Farallón.

Esta, es una formación rocosa que es parte de la misma cadena montañosa que ha dado lugar a la formación de Valparaiso y Viña del Mar, y se extiende bajo el nivel del mar. Refugio de miles de aves, algas, lobos marinos y peces.



Unas millas antes, nuestro joven capitán Jorge, deja la embarcación en marcha lenta.  Las aves comenzaban a zambullerse en sectores cercanos a la vista. Estas manifestaciones eran esporádicas. Solo manchones, donde subía un cardumen de peces pequeños. 

La técnica era sencilla, el guía  llevaba el motor de la embarcación en velocidad mínima y nuestras linea profundizaban. Esperando la manifestación de estos peces y pájaros. Fenómeno llamado localmente como la pajarada. Estábamos a la espera de tener a tiro de caña estas explosiones, así poder pinchar algún Sierra. Pero a Jorge e Ignacio, algunos comportamientos de las aves y la textura del agua, les parecían extraños


 

En instantes Cristóbal, detecta lo típico... lo buscado en la zona por años. Aletas amarillas entre el hervidero de peces. Eran Vidriolas cazando. Plenos de jubilo y nerviosismo recogíamos nuestras profundizadas lineas y lanzábamos al cardumen. 

Ignacio lanza a unos 20 metros, profundiza su Minnow. Recoje en tirones rápidos y cortos e inmediatamente, prende un pez. Pero aun no sabíamos que nos depararía el destino. Dado que veníamos preparados para las Sierra. Y esta pelea y las circunstancias no coincidían con estos animales. Furiosa pelea...  profunda y contundente. Un trabajo intenso para el equipo y desgastante para el músculo. La caña se flexa en una neta U. Y todo ese poder reactivo, sumado a su experiencia, trae a la primera Vidriola del día. 



Perfecto animal que en cubierta, brillaba sus perfectas texturas y brillos metálicos. Ignacio, sin dudarlo apresura su devolución atento a la descompresión  necesaria  y sufrida por el animal, al levantarlo. Tardaría solo unos segundo para que tomara tono vivo. Huyendo al negro del fondo. 

La alegría del grupo era notable. Nuestro entusiasmo estaba en mode on.



Inmediatamente, a babor, tras un largo cast, casi a unos metros de la embarcación, una nueva tomada arquea la vara de Cristóbal... pero la estrepitosa pelea, provoca el corte del leader, dejándolo con las manos vacías. La desazón experimentada, no lo ponía en desanimo. La búsqueda continuaba y era incesante. El cardumen de vidriolas era muy dinámico. Comportamiento típico de los predadores en acción de caza.


Si pausa, circundábamos la formación de rocas, comandados por el Capitán Jorge. El cardumen había tomado aguas profundas.  La quietud se apoderaba del lugar. Toda aleta amarilla había desaparecido junto a las pajaradas.

Llenos de incertidumbre nos mirábamos entre nosotros... y perdíamos la vista en el horizonte buscando a los pájaros zambulléndose. Pasaban minutos, y no percibíamos nada.



Nuevamente, se nos salia el corazón del pecho, los pájaros habían vuelto y se clavaban a metros de la embarcación. Las aletas, estaban a escaso diez metros. Lanzamos hacia el mismo sitio Ignacio y yo. Comencé, a dar movimiento a mi mosca. Un patrón Minnow con azuelo en tándem, con anzuelos altamente bio degradables, siendo el ultimo de color rojo... formula infalible otorgada por Cristóbal. Buscaba en la acción, imitar a las pescadillas heridas...  trayendo lentamente. Así...logre llamar la atención de una Vidriola, la cual sigue mi mosca y a escasos dos metros me arrebata el plumerio y huye al cardumen.



La vara se arquea brutalmente... el palo de escoba, así apodado, estaba perdiendo su condición. La Echo 2, Tim Rajeff de espíritu #9, era puesta a prueba. Mis músculos, acostumbrados a las peleas salmonidas, recordaban al Gran Dorado del Dulce. Las corridas a lo profundo del mar, eran violentas y contundentes. En ese instante de batalla... rogaba a San Pedro de la Caleta, que resistiera el equipo, y me diera la fortuna de obtener al animal. 



Entre corridas y recogidas raudas, bajo el efecto casi frenético del rugir del reel, la Vidriola luchaba por liberarse. Este pez  tiende a rascarse en lo mas próximo que halle, para liberarse de parásitos y obstáculos. En este caso, el elemento cercano era el bote. Por consecuencia, giraba alrededor de la barca de babor a estribor, intentando liberarse. Después de los primeros cinco minutos, el dolor se hace dueño del músculo. La expresión en mi cara cambiaba... haciéndose gesto, el esfuerzo máximo, el que provocaba las bromas de Cristobal. 

Cuando en instantes miro hacia mi costado... Ignacio Giraldi, luchaba con su segunda captura. Teníamos un doblete de capturas. Situación festejada pero a la vez complicada, dado el escaso espacio de trabajo. El arco de su vara era brutal. La situación era aun mas tensa, dado que los peces tendían a juntarse. Así se produjo lo anunciado, por mas esfuerzo entregado a la lucha para evitarlo. Las lineas estaban enredadas, por lo que sabíamos que algo iba a pasar en el sistema. El colapso de alguna de las dos lineas, el desenganche de una de las capturas, era inminente. En instantes... una de las Vidriolas muestra su lomo plata amarillento y es acercada al bote. Fatal instante donde se rompe el líder de una de las lineas.

No sabíamos cuales de las dos había colapsado. Un eterno momento de angustia y resignación, nos invadió a ambos. Pero una captura estaba aun enganchada y por esas cosas del azar, era la mía. Continué caña en alto, recogiendo linea frenéticamente... la vidriola estaba enganchada y aun vigorosa.  Vigor que me ponía en física desventaja a pasar de los segundos.  



Un total de 12 minutos intensos... pusieron a la captura en cubierta. En mis manos, disfrute su perfecta textura, su tono muscular enorme y furioso. Sus aletas amarillo verdosas... los ojos perfectos. Una obra perfecta de cuatro kilos. 

En segundos, ignorando el código de pesca artesanal del lugar y siguiendo la tradición de Cristóbal e Ignacio, la acerco al agua, la que parecía esperarla como regazo de madre. Apenas toca el ambiente acuoso, comprende y explota en huida.



Sabia que habíamos establecido una alianza entre ella y yo. Un gran lazo de vida. No pudiendo evitar, cada vez que mire el mar, pensar en ella. Pensar que... en la inmensidad absoluta de agua, esta. Un adiós y hasta pronto, fueron las palabras que en mi alma resonaron y mi boca no pronuncio. END 


  Fotobook  








Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech/Cristóbal Tapia Chamy.
Protagonistas: Cristóbal Tapia Chamy, Ignacio Girardi y Jorge Aguilar Rech.
Colaboradores:  Javier Benegas, Mario Borquez, Anibal Espronceda, Carlos Schälchli.
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