Queñi. Trouts Fighters.


Pablo Neruda... mago de las letras y alquimista de sensaciones vivas, cuando perseguido por la infame prepotencia de otro de los Videla, allá por el 48, eligió el Queñi, le suplico a la lluvia del viejo bosque, que le devolviera el aroma y las espadas que caían del cielo, la solitaria paz de pasto y piedra, la humedad de las margenes del río, el olor del alerce y el viento vivo como un corazón.



Hoy... puedo imaginarlo en cada rincón, disfrazado de Luis Lagorreta,  en cada recodo y en cada sombra. 

Pescar en estas aguas inmensamente quietas, me inquieta de susurros de poesía, de sensaciones, de aromas. Aquí... cada rincón es un cuadro renacentista, una imagen impregnada en el alma.  Un mensaje que se agarra en el corazón.

Agua, lluvia y bruma. Aire, brisa y aromas de pino en apenas susurros de bosque. Luz y penumbra... rocas cubiertas de líquenes y verde. Poemas de vegetal, animal y mineral. Todos los elementos, los seres vivos... parecen estar embebidos en un mantra de perfecta armonía. Continua y bella.


Al llegar... es como un arrebato contundente a los sentidos. Todos... y a la vez. Inmensidades de verde pasto, alerces milenarios que recortan en montañas un cielo perfecto y claro. Luces y sombras que crujen cuando el viento sopla una brisa. El agua, sincera y transparente alberga vida por doquier. En su vientre verde musgo, se acallan historia de arboles caídos, de rocas y de truchas. Un himno de silencio... una declaración irreverente de paz.


El hombre... apenas mancha con su permanencia. Pero aquí, la naturaleza late libre. Los arroyos corren salvajes, y cristalinos... mostrando todo su esplendor y carácter.

Y ahí llegamos... con el mas grande de los impetus, ansiosos y escasos de letras. Mirando boquiabiertos el  entorno, queriendo devorarnos el paisaje, para alimentar nuestra gula irreprochable de experiencias.


Anibal, estaba a cargo de conducirnos hasta ahí. La Nissan de Troya, nos hacia sentir extrañamente profanos en un santuario natural. Su potencia indiscutible arremetía por las estrechas huellas abriendo las aguas de los arroyos, como profeta del camino. Imaginándonos el mundo sub acuático de agua verde y a sus truchas...escuchándonos.

Pasamos varios cursos de agua diáfana, que sajaban las huellas apenas transitables. Uno distinto al otro. Algunos arroyos placidos, sinceros otros irreverentes y mágicos. Inevitablemente pensábamos en ellas, en nuestra truchas del agua verde musgo.


Al descender de la camioneta, un prado soñado, de pastos y alerces,  nos pintaba el alma de sueños. El trino de los Chucaos, no cedía al golpeteo incesante de los Cauquenes. Sinfonía de mantras... entre rumores de bosque y pájaros carpintero, lejanos e invisibles.  Los arboles, no tenían pudor en esconder los Lla Llaos de amarillo furioso.



Entre ellos... nosotros. Atrevidos en tecnología, de varas, cauchos, botones y plásticos. Empecinados en pescar todas y cada una de sus truchas. Sus hijas huincas.

Así... entre lloviznas y soleadas, los duendes del bosque de Pablo, nos daban permiso para flotar las aguas del Queñi. La nubes galopaban en el cielo, danzando entre el Mallo y el Acol.

En el agua, el viento aparecía y se esfumaba repentinamente, como un anima. Los float tubes le seguían el juego.  Navegamos con Anibal, hacia el este, sobre las faldas del Mallo. Costa abrupta... de piedra doblegada al bosque. Bosque tupido de verdes,  de cipreses abatidos bajo el agua, de arroyos escondidos que solo acusan su presencia al quebrar, con su canto de agua, el silencio. 



Comienzo a presentar el engaño de plumas y alambre,  con la infalible Bichon Fly Rubber Leggs en alambre #6. El presagio de Anibal, fue un hecho... en minutos, logro presentar cercano a un tronco hundido, profundiza unos metros y desde el verde profundo y emerge una Arco Iris furiosa. Un hembra bella de unos 1500 gramos y rasgados colores. Luchaba con mi vara y minutos mas tarde, se entregaba a mi copo. Una vez liberada del engaño... vuelve al agua maternal.

Metros mas adelante, Anibal con la #5 arqueada al máximo, le explotaba el agua con otra Arco Iris fenomenal.  Su engaño fue letal... un patrón oscuro, hacia mella en las selectivas truchas. 

Lo cierto, es que en estas épocas, no es secreto que el caldo del lago, tiene características físico químicas distintas al resto del año, casi no encontramos larvas, ninfas ni insecto predominante. Sumado a que estamos presentes en un momento particular del individuo en si, en el proceso post desove. Están saliendo de un sueño de hielo, y están apenas retomando las actividades vitales como es la de alimentarse. Por resultado mas que obvio, es casi nula la pesca con ninfas. Las Arco Iris debían ser irritadas, tal vez tentadas con un bocado muy prominente para sacarla de su refugio de sueño, o tal vez acudiendo al recurso de territorialidad ... o resignarse a una tasa 15 a 1, como comprobamos.

QUEÑI Trout Fighter 2015 from BROWNTROUTARGENTINA Fly fishing on Vimeo.

Las capturas se sucedían, una tras otra durante toda la jornada. Descubrimos que las truchas se escondían entre los palos sumergidos a unos 15 metros bajo el agua.La transparencia inocente del lago... les permitía visualizar desde ese punto, nuestras moscas. Desde el fondo neto subían a atacarlas, furiosas. 



La estrategia sabida, seria navegar el borde costero, a unos 20 metros, y lanzar con nuestras lineas de hundimiento, hacia los palerios. Plan que nos llevaría a pinchar unas 30 truchas en la jornada por pescador. La mosca, debíamos traerla, imitando un patrón de movimiento natatorio corto.

Los susurros afónicos de los arroyos, que escondidos... se volcaban al agua mansa del lago, nos alegraban sustancialmente. Sabíamos, que el encuentro nos prometía una escena de truchas comiendo, al menos... así las queríamos imaginar. Pero la alucinación se hacia concreta cuando pinchábamos tres o cuatro truchas en el mismo sector. 




Así... navegamos toda la costa del Acol, que se ahogaba abrupto, desterrando alerces hacia el agua, bordeando el profundo este, pasando por el sur y cosiendo por el oeste el borde del lago... para volver al campamento. 



Cansados llegamos al campamento. Dejamos nuestros floats tubes... y comenzamos las faenas de la noche.  Las llamas crujientes del fuego nos mostraban duendes del sueño. despabilados solamente por el aroma a carne asada y el rubí del borgoña en las copas.



La mañana nos despabilaba de pájaros carpinteros. El aire purisimo nos mojaba las narices. Recuperándonos de dolores, calambres y renovando sueños de truchas.

Después de desayunar, re inflábamos los floats, acomodamos plumas y menajes, para encaminarnos al muelle improvisado de la terma. Un páramo donde el suelo ocre caliente, contrasta con el verde oscuro del bosque, las sombras y el plata del lago.

El plan era navegar la zona de totorales del sur. Almorzar y descansar en la bahía. Esta formación encontrabamos al Chachin, escapándose al Nonthue.



En el camino, flotando por el medio del lago, nos anticipaba el viento, una serie de olas inusuales. Ya en la tensión del agua, el soplido furioso, nos retrasaba el trayecto para llegar a las zonas de pesca. Después de unos minutos de lucha y pataleos,  llegábamos a los bordes verdes de la bahía. Totoras y pastos, troncos de alerces volcados, y un fondo sincero, cercano y amigable, nos deba un panorama de lo que vendría. 

Lance, hacia la orilla... casi tocando el filo de la costa. La sombra parda clara de mi Muddler, debería simular un pez pequeño, un alevin, que se refugiaba en la costa. Los ataques venían desde el veril hacia el filo del agua. Se podía ver a las truchas salir desde el fondo a tomar la mosca. Una vez perpetrado el ataque, violentas corrían al fondo intentando escapar de algún predador.  Cuando el gancho y la tensión del sistema, le arrebata el plan. Sin muchas mas herramientas que toda su fuerza muscular, su instinto ancestral y adaptado y, alguna que otra artimaña para zafarse. Estando inconsciente de mis intenciones de devolución, mi trucha... corría a lo profundo, subiendo a  la superficie y saltando, y sacudiéndose furiosamente. Nada, pero nada... excepto mi voluntad la hubiera hecho desprenderse de mi alambre. Unos minutos, tal vez unos cuatro, ponían a la Arco Iris en la bandeja del float. Presuroso, la libero del siempre brutal alambre y la devuelvo a donde pertenece.



Anibal, Pedro y Javier... cercanos, tenían fuertes contiendas. En ocasiones, era común vernos a todos con truchas pinchadas al mismo tiempo.  Centro la atención en Anibal, quien estaba cercano. Con su Zug Bugs Olive, y linea hundimiento total, arqueaba su vara y navegaba involuntariamente, llevado por una Arco Iris muy fuerte. Tras arqueadas y tiritones, la trucha subía e inmediatamente corria velozmente, alejándose. El copo, le daría fin a la coreografía animal del pez. El ojo de la Go Pro, la seguía para nosotros... conectando a los dos mundos, el profano del aire, de cuatro peleadores de truchas y el intocable del agua verde donde solo llegábamos con nuestras marionetas emplumadas. 


El retorno se haría difícil. El viento tal vez se vengaba en nombre de las truchas pinchadas. Olas de un metro se levantaban desde el medio del Queñi. Nos querían obligar a tirarnos a la costa y para evitar el encalle... debíamos patalear constantemente. Finalmente... llegamos al muelle de la terma. Como caballeros de ninguna cruzada, desembarcábamos y estirábamos los músculos satisfechos. Cargábamos los float y regresábamos al campamento exhaustos pero satisfechos. 


El anochecer del campamento nos esperaba con carnes ahumadas y solo esos milagros culinarios que salen de los amigos. La oscuridad... traía consigo los ruidos típicos de las hora bajas. Ranas que puntualmente, apenas la luz abandonaba el casco del cielo, desplegaban su coro incomprensible. En un instante, casi programado... el silencio.  Mas entrada la noche, los zorros bajaban al campamento, buscando comida.  Mientras el frío... como fantasma, nos ganaba la batalla junto al sueño. 

Al momento, contábamos con mas de doscientas capturas. Muchas de ellas similares en su morfología, pero lo que hacia distinta a cada una, era el entorno inmediato en la que nos hallábamos. Así... los cierres de las bolsas de dormir, abrían el mundo de los sueños, de los duendes y de las truchas gigantes... que nunca vendrían.


A las 200 A.M., el sensible tamborileo de la lluvia me despertaba. Lluvia que duraría hasta las horas del medio día. La pesca en estas condiciones no variaría sustancialmente.

Al medio día... nos preparábamos para salir del Parque Lanin. Al desarmar las carpas, desinflar los floats, y cargar la pick up, nos adentrábamos en la realidad del retorno. A la amarga sensación de que jamas...lo vivido es suficiente.  En la crudeza de volver a la ciudad, a la agobiante rutina que supimos conseguir. Inevitablemente, involucrarnos con el proceso ficticio de nuestra sociedad, que nos somete criminalmente al falso concepto de libertad y solvencia económica, conseguida por el abrasante y casi marxista yugo laboral.

Cada una de nuestras truchas, por mas de dos centenas, eran iguales en su forma,  pero distintas en su carácter. La magia del entorno entero, hacia de la aparente igualdad, un acto distinto y bello. Acto que dábamos fin con la supervivencia de cada una de ellas, intentando devolver vida... a la vida. END
 


Autor: Jorge Aguilar Rech.
Protagonistas: Jorge Aguilar Rech, Anibal Espronceda, Javier Benegas y Pedro Constantino
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía: Jorge Aguilar Rech.
Video: Jorge Aguilar Rech.
para PEIXOTO AGUILAR RECH filmmakers.
BROWN TROUT ARGENTINA.
Todos los Derechos Reservados
2015.

Bonefish y Permit. Fantasmas de los flats.

De un tiempo a esta parte, se había convertido en una obsesión... pescar con mosca en los flats caribeños. Esta palabra en inglés, se usa para definir aquellos lugares con aguas muy poco profundas, que generalmente no superan el nivel de la rodilla cuando se vadean, los que pueden ser bastante acotados o cubrir grandes extensiones de varios kilómetros cuadrados. Estos sectores son famosos por albergar aquellas especies de mayor interés mosquero, como lo son el bonefish o macabí y permit o palometa, además de tarpon, tambien llamado sábalo y snook o róbalo, especialmente cuando el flat colinda con manglares. 



Se llama “Grand Slam” a pescar al menos un ejemplar de cada una de las tres primeras especies el mismo día y “Super Grand Slam” cuando a lo anterior se agrega un snook o róbalo. También se pueden avistar barracudas, tiburones, peces aguja y varios más. 

Tras leer bastante en Internet, hablar con colegas que han ido una o más veces tras estos trofeos caribeños y adecuar mis equipos para dicho propósito, llegó mi anhelada oportunidad. El destino sería la isla de Cozumel y posteriormente Cancún, en la península de Yucatán, México. Se trataría de un viaje de vacaciones con mi señora por una semana, con 3 días de pesca. Puede parecer un exceso, pero aclaro que las jornadas comienzan a las 5 am y se está de vuelta en el hotel alrededor de las 15:00, por lo que aún se dispone de toda la tarde para compartir de la piscina y demás parafernalia junto a la patrona. 

Referente a los equipos, en base a la información recabada, decidí llevar cañas para líneas 7 y 9 WT. Con la primera buscaría básicamente los bonefish y permit, considerando que estos últimos no fueran de gran envergadura, mientras que con la segunda intentaría conseguir los tarpon y snook. Las líneas son de flote, por lo explicado anteriormente sobre la profundidad, y deben ser específicas para aguas tropicales, pues aquellas diseñadas para ambientes fríos y de agua dulce no corren adecuadamente por los pasadores de la caña. En mi caso escogí el modelo Bonefish de Scientific Anglers y además llevé líneas intermedias, por si fueran necesarias para aquellos flats de mayor profundidad. Algo fundamental es equiparse con leaders y tippets de fluorocarbono, pues son más resistentes tanto a la lucha del pez como a la abrasión y prácticamente invisibles en el agua. No olvidemos que al frente tenemos peces extremadamente fuertes y el piso es de arena y/o corales, además de existir obstáculos como plantas de mangle, que el pez busca durante su carrera. Con leaders de 10 a 12 lbs basta para bonefish y de 12 a 16 lbs son suficientes para permit. En el caso de los tarpon, lo mejor es armar el leader uniendo trozos de fluorocarbono, por ejemplo 40 y 20 lbs si los sábalos no son grandes. Si además se desea intentar con barracudas y/o tiburones, hay que contar con wire tippet, para evitar los cortes. 

Antes de entrar en materia, de manera que sea más fácil entender el relato e imaginar las situaciones de pesca, quisiera explicar las principales diferencias que encontré entre la pesca de truchas y la que realicé en los flats. Al pescar truchas, se lanza prácticamente todo el día, independiente de si se ven o no los peces.  Generalmente es el pez quien va a la mosca, moviéndose a buscarla cuando entra en su campo visual. Salvo excepciones, la precisión de los tiros no es absolutamente determinante.Hablo de poner la mosca en un radio de 30 centímetros, desde una distancia considerable. La presentación sólo es importante dependiendo del tipo de mosca y situación de pesca. Principalmente con secas y/o a pez visto.  Salvo excepciones, que las hay, el carrete sólo sirve para guardar la línea y el freno no se usa en demasía.

Al pescar en flats, sólo se lanza cuando se avista un pez, jamás a ciegas. Hacerlo... es perder el tiempo y probablemente se asustarán aquellos peces que haya en las cercanías. Es la mosca la que va al pez y no al revés. Si no cae exactamente donde corresponde, no hay chance de tomada. La precisión de los tiros es fundamental siempre. La presentación en imprescindible, pues los peces son extremadamente asustadizos y están muy alertas.  Un carrete con buen freno es igualmente necesario, acá uno se da cuenta realmente cuál es su función. 



Llegamos a Cozumel luego de un viaje de 16 horas desde Santiago, directo a comer y descansar. Ya tenía guía para Cancún reservado desde Chile, pero aún nada en Cozumel, así es que mi primera gestión al otro día fue contactar a Nacho Euan, de bonefishcozumel.com, para acordar una salida la mañana siguiente. Nos juntaríamos a las 5:30 de la madrugada en una iglesia ubicada en pleno centro, para lo cual debimos tomar un taxi desde nuestro hotel, emplazado en las playas del sur de la isla. Nacho estaba puntualmente junto a Nacho Jr., su hijo, quien sería nuestro guía durante la jornada.

La pesca en Cozumel se realiza en las lagunas ubicadas en el norte de la isla, abiertas al mar y con acceso solo mediante botes. Llegamos al muelle, a las 6 de la mañana, cuando recién comenzaba a aclarar tímidamente, para abordar la embarcación de nuestro guía que, tras algunos inconvenientes con la partida, ya nos tenía en camino a los flats que conforman las mencionadas lagunas. Tras unos 20 minutos de viaje bordeando la hermosa costa norte, llegamos a la entrada de las lagunas y sus impresionantes manglares que hacen de ellas un verdadero laberinto. A poco andar, Nacho apaga el motor, saca una vara con la que impulsará el bote y me pide que arme mis equipos. La ansiedad me agobiaba mientras unía tramos y montaba los carretes. Me recomienda usar un leader de 12 lbs en el equipo #7 y otro de 16 lbs en el #9, ambos de fluorocarbono. -Dejaremos uno para macabí y el más grande por si vemos palometas-, me explica mientras ata una imitación de camarón en el primero y una mosca cangrejo en el segundo. Era la hora de la verdad.



Empuño la número 7, me paro en la proa del bote y saco unos 20 metros de línea para estar atento a ejecutar un lanzamiento rápido, mientras mi guía impulsa lentamente la embarcación en busca de los “fantasmas de los flats”, al tiempo que me instruye sobre la dirección de los lances. La punta del bote son las 12, mi mano izquierda son las 9 y el lado opuesto las 3. No pasan más de 5 minutos cuando me dice -son ellos, están unos 60 metros frente a nosotros-. Yo me esforzaba por ver lo que me indicaba, pero era inútil...no veía nada. -Están pegados a la orilla y giran a la derecha, puede verlos colear-, insiste mi guía y ahora sí los distingo, asomando sus aletas en no más de 15 centímetros de profundidad. Se trata de una escuela de 10 o 12 bonefish que avanzan lentamente, escarbando el fondo en busca de alimento.



Nos acercamos a unos 16 o 17 metros de la escuela, es así como llaman a los cardúmenes y Nacho me pide que haga un tiro delante de los primeros ejemplares. Respiro profundo y realizo un par de falsos casts para ganar distancia, mientras pienso que ni siquiera había tenido oportunidad de soltar un poco la mano antes. En fin... primer lance, distancia adecuada y buena presentación, los peces ni se inmutan. Pero no, mi guía me reprocha que fue demasiado adelante. -Levante rápido y haga un tiro a las 11, catorce metros-, lo cual hago en 2 tiempos, con un solo backcast y lanzamiento. -¡Buen tiro!, dice Nacho, -muévasela, muévasela… eso, ya la siguen!, me indica mientras yo observo la escena en cámara lenta y casi sin aliento. Siento que se detiene la línea y no hago nada. ¡Casi me mordí las manos para no clavar al estilo truchero!.  Sencillamente afirmo la línea contra la caña con la mano derecha, siempre apuntando hacia abajo en dirección al pez y lo dejo comer. La clavada ocurre automáticamente cuando el macabí se gira y… ¡Agárrate cabrito! Levanto la caña, alejo la línea sobrante con la mano izquierda para evitar enredos y veo como se esfuma entre mis dedos en un par de segundos, para dar paso al freno del carrete… ¡Que carrera, que sinfonía! ¡Se fue toda la línea y casi la mitad del backing en un suspiro! Me estaba preocupando, cuando el bonefish detiene su huida y me permite comenzar a recoger. Estaba en eso y mi oponente decide hacer una segunda arrancada, que casi me parte los dedos con la manivela del carrete... ¡La saqué barata! En un par de minutos finalmente cede y lo acerco al bote para la tan anhelada foto. -Muy buen tamaño-, me dice Nacho mientras lo tomo con cuidado y Claudia inmortaliza el momento con mi cámara. ¡Que felicidad, al segundo lance ya tenía mi primer hueso! Mi guía me felicita y abro una lata de cerveza para celebrar… ¡Ya casi eran las 8 de la mañana y había que hidratarse! 



Ya con confianza por el macabí y sin los nervios iniciales gracias a la cerveza, ajusto un poco más el freno del carrete y seguimos en busca de la siguiente escuela, que no tardó en aparecer. Sin embargo, la confianza jugó en contra esta vez, lance en dirección al cardumen desde mucha distancia y la mosca cae sobre los primeros peces… ¡Adiós escuela! -Espere a que yo le diga para hacer el tiro, estábamos muy lejos y no vio los de adelante- me explica Nacho. Nada que hacer, a seguir buscando.



Mas tarde, después de unos 10 o 15 minutos,  avistamos la siguiente, pero habían demasiados mangles y obstáculos entre los bones y nosotros, así es que decidimos bajar del bote y caminar. Ya a distancia de tiro me cuesta mucho distinguirlos desde tan baja altura y si no es por las instrucciones de Nacho, les hubiera lanzado la línea encima de nuevo. -Haga un tiro de 8 metros a las 10 -es su instrucción, la que cambia en cuanto cae la mosca. -Viraron, tire 12 metros a la 1 rápido… ¡eso, buen tiro, muévasela!-. Pero estos macabíes no la iban a hacer fácil. Pasaron, giraron y se alejaron de nuestra posición rápidamente, aunque estaba seguro que no nos habían visto. Se me escaparon un par de chilenismos antes que Nacho me alertara de que volvían directamente hacia nosotros y que lanzara corto y rápido delante de ellos antes que nos vieran. El tiro fue bueno, 2 strips y tomada. Misma secuencia anterior, me aguanto el reflejo de clavar con la caña y ya soy espectador privilegiado de la imponente corrida de mi segundo bonefish. Este no se lleva tanto backing como el anterior, gracias al freno más apretado, pero saca toda la línea y varios metros más como si nada. ¡Impresionante la potencia de estos peces, es como tener a 3 o 4 truchas grandes tirando en conjunto al final del leader! Claudia aprovecha también de levantar el pez y tomarse un par de fotos. Imposible no abrir otra cerveza para celebrar… ¡Estamos en el caribe y ya hace calor!



Llevábamos un buen rato sin ver actividad y de improviso Nacho me dice en voz baja que cambie de caña. Veo un ‘aguaje’ grande, viene una escuela de palometas a las 10-. Efectivamente observo que se mueve el agua y una estela pasa rápidamente frente a nosotros sin darme la oportunidad de intentar un lanzamiento. Ni siquiera alcancé a lamentarme, porque al girar la cabeza veo un grupo de aletas que sobresale de la superficie y se mueve lentamente. Sabía que no eran bonefish, se los apunto a mi guía y confirma mis sospechas: -¡son ellas, son palometas!-. No alcanzó a empujar el bote en dirección a los permit, cuando me mira con espanto al darse cuenta que mi línea ya está en el aire… -Nooo, espere, espere-, me dice en voz baja pero evidentemente contrariado. Era demasiado tarde, mi ansiedad fue más fuerte y decidí lanzar desde 23 o 25 metros. Con una caña #9 la distancia no fue problema, pero la precisión sí... la línea cayó en medio de los peces, que deben haber sido 3 o 4, y estos desaparecieron instantáneamente de nuestra vista. Ni siquiera quise mirar a Nacho… ¡Me quería matar! ¡Tuve la opción de lanzarle a un grupo de permit de buen tamaño, que además estaban comiendo y la desperdicié por un descontrol!. Una vez más, nada que hacer y a seguir buscando.



 Lamentablemente no volvimos divisar palometas en el resto del día, pero sí muchos más bonefish. Enganché 10 en total, de los cuales 8 llegaron a mis manos y 2 cortaron al enredarse en los mangles durante su impresionante corrida. 

Gran día de pesca y que debut en el caribe. Pudo ser mucho mejor, pero es definitivamente difícil y muy diferente respecto a lo que acostumbramos, así es que volví al hotel feliz.  

Ya más tranquilo y tomando una piña colada en la piscina, me di cuenta que la cantidad de errores que cometí fue inmensa durante la jornada y que, considerando eso, mi cosecha había sido muy buena. Ahora había que relajarse y esperar por el próximo desafío en Isla Blanca, Cancún. 



Dos días más tarde, tras volver a cruzar el ferry hacia Playa del Carmen y el correspondiente transfer a Cancún, ya estábamos instalados en nuestro hotel y yo no podía pensar en otra cosa que la pesca del día siguiente. En mi mente solo había espacio para una idea, que a esas alturas se transformaba en obsesión...¡pescar un permit!.

Humberto, mi guía, pasaría buscarme a las 5:30 de la mañana para dirigirnos al sector de Isla Blanca, ubicado al norte de Cancún. No fue necesario esperar a que sonara el despertador, porque pasadas las 4:30 am la ansiedad se había encargado de tenerme en pie y una hora después ya estaba en la camioneta de mi guía, disfrutando de una amena conversación, camino a nuestro destino. Unos minutos antes de las 6 llegamos a un muelle ubicado al interior de una propiedad privada, donde Humberto mantiene su embarcación. Mientras él preparaba todo para el zarpe yo me concentré en armar mis equipos, cambiar los leaders según sus recomendaciones y revisar los nudos. Cargué ambas cañas con líneas de flote, atando al final de la línea #7 un leader de fluorocarbono de 12 lbs y en la #9 un trozo del mismo material, de 40 lbs de resistencia, unido a un metro de wire tippet de 30 lbs. 

El objetivo era usar el primer equipo para permit y el segundo en caso de avistar tiburones pequeños o barracudas. Con este propósito, Humberto dispuso una imitación de cangrejo en la caña #7 y una de mis moscas para sierra (imitación de sardina) en la #9.



A continuación abordamos su bote y ya estábamos en camino hacia nuestro primer spot, Cayo Ratón, lugar al que llegamos en unos 35 o 40 minutos. Se trata de un pequeño islote , pegado a la costa, que está rodeado de un impresionante flat de varios kilómetros cuadrados. A diferencia de Cozumel, acá no hay manglares ni otros obstáculos que interfieran en la corrida del pez al final de la línea: ¡Punto bueno! Sin embargo, el flat es más profundo que el que había pescado en la isla y, por lo tanto, no existe ninguna posibilidad de ver peces colear, debiendo afinar la vista al máximo para poder ubicar nuestras presas: ¡Punto malo!



Humberto apaga el motor, saca su bastón para impulsar el bote y me pide pararme en la proa con mi línea lista para lanzar, al tiempo que enciende mi ilusión: -estamos en zona de palometas, buscaremos escuelas pequeñas, peces solos y rayas que lleven palometa alimentándose atrás-. Avanzamos lentamente por espacio de media hora, observando atentamente el entorno, sin resultados alentadores. Solo divisamos barracudas pequeñas y rayas que viajaban solas, sin su apetecido acompañante.



Pasaron unos 20 minutos más sin señales de permit, hasta que Humberto me indica que habíamos llegado al sector donde preferentemente se pueden encontrar bonefish o macabíes, por lo que decide cambiar la mosca a una Crazy Charly que yo mismo había atado unos meses antes. No pasa mucho antes de toparnos con la primera escuela de “huesos”, pero solo mi guía era capaz de distinguirlos. ¡Si en Cozumel me había costado, acá realmente se me hacía imposible! El color de sus lomos era prácticamente el mismo del fondo del flat y solo sus sombras los delataban, cuando me concentraba al máximo en verlos. Hice varios tiros sin resultados por mi dificultad de distinguirlos, espantando un par de escuelas. Bastó que pudiera identificar con claridad al primer ejemplar del siguiente grupo, para hacer un lanzamiento preciso, sin espantar a los demás, y conseguir mi primera tomada, seguida de la frenética corrida y el canto del freno de mi carrete. Humberto me toma la correspondiente foto y lo devolvemos al flat para ir en busca del siguiente, que llegó luego de otro par de tiros fallidos. Este bone era un poco más grande y sus carreras también metieron más presión a mi equipo, antes de poder acercarlo al bote para inmortalizar el momento. 



Los 2 macabíes sirvieron para sacarme un poco los nervios, soltar la mano y ganar confianza de cara al verdadero desafío. Pese a que avistábamos escuelas muy a menudo, le pedí a Humberto que las ignoráramos para volver a la zona de palometas. Ya había pescado bonefish y prefería pasar el resto de la jornada buscando mi trofeo, aunque esto implicara no pescar nada más en lo que quedaba del día. Guardé la Crazy Charly en mi caja y volví a atar el cangrejo al final del leader, al tiempo que me concentraba en ver cualquier distorsión en el agua o aguaje, como le llaman por esos lados. De la nada aparece un permit de buen tamaño que se desplaza velozmente de derecha a izquierda, respecto a mi posición. -¡Palometa!-, me dice Humberto, -a las 2, ¿ya la ves?-. Contesto afirmativamente y levanto la línea para intentar un lanzamiento rápido antes que pase, lo que hago con suficiente distancia pero atrás del pez, que fue demasiado rápido y no me dio opción. Ni siquiera pude efectuar un segundo ensayo, pues antes de poder levantar nuevamente el permit ya estaba lejos de nosotros. Proseguimos nuestra búsqueda, espantando con el bote a 2 palometas que se esfumaron despavoridas sin darnos chance de hacer nada: habían visto el bote antes que nosotros pudiéramos avistarlas.



Humberto me reconforta diciéndome que está prácticamente seguro que pescaré una, - Lanzas bien y vas a tener una buena chance, solo debes estar tranquilo para aprovecharla-. Yo estaba complicado pensando en lo difícil que era… Ni siquiera me daban opción de lanzar y cuando lo había hecho, sus rápidos movimientos me dejaron completamente fuera de foco. A la siguiente oportunidad, lo que a mis ojos parecía un gran tiro espantó al pez con el solo caer de la mosca al agua. La distancia era considerable, pero igualmente conseguí poner el cangrejo a menos de un metro frente al permit y con una presentación bastante decente… ¡No fue suficiente y desapareció de mi vista en una fracción de segundo, dejando una nube de arena en el agua!



Mi cabeza estaba al borde del colapso y el fracaso se acercaba dramáticamente a medida que la hora avanzaba sin contemplaciones. -Tranquilo, insistía Humberto, no has tenido todavía una oportunidad suficientemente clara y estoy seguro que la tendrás… ¡tranquilidad es lo que te pido!-. Nos desplazábamos en silencio, ambos concentrados en el agua y curiosamente soy yo, quien divisa una cola negra asomarse tímidamente en la superficie. -¿La viste?-, le pregunto a mi guía. -Sí, es una raya… veremos si lleva palometa-, responde Humberto. ¡Yo no había visto la raya, sino la cola del permit por lo que despejé inmediatamente su duda!. -Está bien, tranquilo. No vayas a lanzar, van lento y puedo ponerte en una mejor posición-, me advierte Humberto para asegurarse que no cometa un error. Cuando posiciona el bote a la derecha del avance de la raya y el permit, a favor del viento para facilitar mi lanzamiento, me dice que no piense en la palometa y le apunte a la raya. La distancia era de 15 a 17 metros en diagonal desde nuestra embarcación. -Le vas a apuntar a la raya, puedes pasarte con el leader pero no con la línea, de lo contrario la perdemos-, es la clara instrucción que recibo antes de intentar el lanzamiento. Sin embargo, el miedo a pasarme y espantarla me juega una mala pasada y el tiro queda corto. 



Ni siquiera esperé a que Humberto dijera algo… ¡en ese momento sólo existía la raya, la palometa y mi línea! Levanté de manera instantánea y, con un solo backcast, volví a lanzar con una precisión y delicadeza que me dejó helado al ver caer la mosca certera sobre la raya. Sólo la voz de mi guía me sacó del trance: -¡Perfecto! Trabájale, trabájale… ¡Te va a comer!-. Vi pasar la raya, girar el permit y detenerse mi línea en lo que me pareció una eternidad, antes de reaccionar alejando la línea sobrante con la mano izquierda y levantar la caña cuando estuve seguro de que la palometa se había clavado correctamente. La corrida es indescriptible… ¡Aún más intensa, veloz y potente que la de un bonefish! ¡No lo podía creer! ¡Lo que 3 minutos atrás parecía imposible, se había transformado en realidad! No tengo idea cuánto habrá durado la pelea, pero a mi me pareció una vida entera y solo me concentraba en no perderla para tener mi anhelada foto. Apenas Humberto la pudo meter en el chinguillo, me lo entrega: -¡Ahí está tu palometa!- Me tomó algunas fotos, en las que mi sonrisa solo fue disimulada por el buff que usaba para protegerme del sol caribeño, y soltamos “mi permit” para que volviera a su hogar en el flat. ¡Qué tremendo adversario!¡Qué gran día de pesca y qué felicidad! Pero no todo en el mundo es alegría, porque al abalanzarme sobre el cooler del bote para brindar, compruebo con espanto que este solo contiene Coca Cola… ¡Bueno, nada que al volver al hotel no se pueda solucionar! END

Dedico este relato con mucho cariño a Rodrigo, mi hermano y eterno compañero de pesca. 


Autor: Cristóbal Tapia Chamy.
staff CHILECAST.
Fotografía: Claudia Matus, Humberto Marfil de Cancun, Nacho Euan Jr. de Cozumel y Cristobal Tapia Chamy.
Edición: Cristobal Tapia Chamy.
Post edición para BTA: Jorge Aguilar Rech.
CHILECAST Pesca con mosca.
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Con autorización para publicar en 
BROWN TROUT ARGENTINA.