El charco de las viejas.

Un sueño persistente nos llevaba a Chubut, bien al sur... en la Patagonia Argentina. Elegimos el destino, después de varias reuniones de bar. Noches enteras, evaluando, descartando y ponderando destinos. Tal vez, mas de las prudentes. Amparados en mapas, papelitos, relatos e historias de hazañas de temporadas pasadas. Decenas de posibilidades caían sobre la mesa, como cartas de póker, sobre un tablero de incertidumbres, mas que certezas. Pero eran cartas marcadas. El sueño de irnos... la necesidad de estar lejos, de pescar lo jamas pescado... todo ello quedaba atrás, cuando Jordi nos llamaba y manoseaba el azar.

Nos emborrachaba de historias de truchas malas, difíciles, grandes. Casi burlescas. Animales de cuero oscuro, y años de suspicacia abordada temporada tras temporada. Aquí... no habría lugar a dudas. Seria el pescador o el pez.

Como un llamado de la voz sagrada, atendimos fieles. Y esa atención nos mandaba hipnotizados, a la Ruta 40. A comerle kilómetros y a encontrar el sol del desierto... entre mates y bizcochitos Don Satur. 

Llenos de sueños, intoxicados por el cansancio físico y mental del viaje, que con su latir, quería apoderarse de las horas. Entre cabeceos y almohadas improvisadas.  Horas que pasaban por docenas. Finalmente, la noche del otro día, nos mostró el lugar donde haríamos base permanente. Una cabaña soñada, de madera patagónica, donde cada paso sonaba como kultrun... como debía ser.






































La mañana... jamas repararía el cansancio del viaje. Pero como estoicos pescadores, las ansias y las ganas, vencían en la pulseada  y partíamos rumbo al Parque Los Alerces. Nos recibía mudo de gente. Solo una cabaña, anunciaba el puesto del guardaparque ausente. Un mapa... y algunos carteles pintorescos, no nos quitaban la atención al contorno de aromos.


Posteriormente, un camino de tierra, nos daría lugar a nuestro punto  de partida, en un costado soñado, perfecto, casi nirvanico. Un nido entre alerces bicentenarios, cipreses y cañas colihues que jugaban con  la brisa... entre sombras y luces. 

Ansiosos partimos... buscando los indicios del charco. Cada punto fue referenciado por Jordi. Así, en unos minutos de caminata...pasábamos por las alfombras de musgos. Una formación exquisita de verde intenso, con un inquieto y ondulante movimiento a nuestro transito. 



Docenas de insectos voladores, en un aire casi estático, nos anticipaban el páramo próximo. Megalopteras, dípteras, caddis y alguaciles. Todos ellos en un anónimo y perfecto mecanismo natural. En una ignorada coreografía. Un bosque viejo... crujiente y contrastante. Las lengas contaban historias. Con sus troncos vestidos de harapos, me transportaban a algún cuento de Tolkien. Las aguas oscuras y silentes, acentuaban la sensación. 

Silencio... inminente silencio. El agua muda. Inmutable. 


En sus entrañas, oscuras... sombras de enormes truchas se desplazaban. Casi flotaban en el cielo reflejado de la tarde. 




Nos percibían. Me di cuenta de ello, porque sus movimientos lentos, eran precedidos a alguno nuestro. Nos investigaban, como nosotros a ellas.


Ideamos a los efectos, una estrategia de pesca y acecho. Siempre... aconsejados por Jordi Babusci.


Escondidos detrás de unas lengas... lancé mi mosca, con un cast de arco. Implementado en sitios donde es muy difícil castear. El artilugio transportado, fue una Prince Bead Head, minúscula en anzuelo #22. Con la riesgosa decisión, de un 5X fluoro en su vinculo. Formula que dio por resultado, una tomada y un corte violento. Mi presa estaba comiendo scuds, pequeños camarones de agua dulce, escondidos en las algas del fondo.  Lo denotaba su boca blanca en movimiento, que contrastaba con el negro te del lecho. También me advertía del instinto Fontinallis. Presento  mi engaño y lo dejo profundizar. A escasos centímetros del fondo, apenas le doy movimiento. Inmediatamente, la Fontinallis, la mira y  toma. Al sentirse pinchada, huye y se escuda entre unos troncos hundidos, raudamente retornando hacia mi y enredando el nylon entre el palerio. Este movimiento, hizo estallar el tippet. Era una trucha con mucha experiencia evidentemente, que dio por tierra mis deseos de tenerla en las manos.


La venganza seria tomada por Diego Peixoto. El cual, sigiloso... presenta una caddis emergente y pincha una Arco Iris, vieja y perfecta. Su cuero ennegrecido denotaba su edad. Mostraba su carácter residente.




En segundos...luego de esos instantes que se desean en los sueños Esos instantes que rogamos a Dios, se encarnen criminales en nuestra memoria, la devuelve al agua con la mas grande de las admiraciones y el respeto merecido. Fue ella, quien honro su mosca, fue ella, quien distinguió al pescador.




La tarde corría por la periferia del cansancio acumulado. Se adelantaban las sombras entre los arboles, el pesar del ambiente, la quietud casi hipoxica del aire y la extrema sutileza necesaria para engañar a la viejas.  Era extenuante para todos.

Varias truchas fueron pescadas por Marcelo Perez, donde la invisibilidad era requerimiento excluyente. 

Jordi Babusci, implementaba su técnica insuperable. Inspirada y mejorada, en la pesca al hilo. Ya su vara se arquea, tiembla endemoniada. La presentación era exacta y corta. Hundiendo rápidamente la ninfa lastrada. El sistema siempre en la tensión perfecta.




Una anciana y fuerte Fontinallis pintada de eras, maltrataba su brazo. Luego de varios minutos, estuvo en sus manos. Lugar donde aun, seguiría peleando con inusitada bravura. Un macho de quijada pronunciada, digno y emblemático de las truchas expertas.




Así, se fueron estableciendo las eficiencias entre las técnicas en el espejo. Sin dudas, la ninfa lastrada con la técnica de Jordi, hacia la abismal diferencia. 


Este páramo, tiene la particularidad de albergar las tres especies fundamentales... Arco Iris, Fontinallis y Marrones. Todas... son grandes y residentes. Así, minutos mas tarde, le volvía a aterrorizaban la mosca a Jordi una viva Arco Iris. Batalla de saltos inescrupulosos, que daban por cerrado el pozo.




Nuestro sueño... se hacia realidad palpable.  Estábamos pescando truchas notables. Estábamos ampliando el horizonte de nuestras técnicas ninferas, incorporando  la Pesca Checa, en manos de un experto.
 

Valió el esfuerzo invertido en llegar al lugar. Cada kilómetro era proporcional a los gramos de truchas capturadas. Al segundo de experiencia. A la calidad de la pesca. Es indescriptible el esfuerzo mental que exige al pescador, capturar una trucha experta. Es la combinación del arte, la técnica, el instinto, la experiencia y sobretodo la sutileza requerida.

Muchos amigos mosqueros, han capturado a estas viejas. Labor poco fácil y de obligada vocación de pesca al acecho, con sutil encanto del movimiento exacto y la presentación silenciosa. Solo así , nos encontraremos con estas  truchas.  Sino... nos relegaremos al acto impotente de verlas y verlas, pero no poder pescarlas.



Podría expresar entre lineas, que es un lugar inquietante, que no permite errores. Puedo aseverar que son truchas extremadamente difíciles de pescar. Sabias, inteligentes... de instinto profundamente asimilado.  La inteligencia animal del ancestral impulso a la vida... la de haber sobrellevado sequías, inundaciones y capturas. 

Eramos objetivamente dos  adversarios... tal vez con la misma cualidad, igual instinto y la misma experiencia. Habíamos  pasado en definitiva, por las mismas situaciones vitales... cuantas veces engañados, derrotados y honrados de gloria, tantas veces haciendo lo necesario para lograr un sueño. Mi razón y su instinto.

Al final de cuentas, los dos buscábamos lo mismo... sobrevivir un tiempo mas. END


Nuestro equipo quiere expresar su  agradecimiento especial, a nuestro amigo Jordi Babusci, el cual es portador de una gran cualidad humana. Excelente guía, y mejor pescador. Son esas personas que brindan todo, por su cliente. Gracias Jordi. Lo recomendamos. Tel: 2945687133. Mail: babuflycasting@gmail.com

Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech.
Fotografía Peixoto Aguilar Rech Filmmakers: Jorge Aguilar Rech.
Protagonistas: Jordi Babusci, Jorge Aguilar Rech, Marcelo Perez Gerardi.
Colaboración especial: Tomas Francisco García Plandolit y Esteban Carabillo.
Fotografía colaboradores: Tomas Francisco García Plandolit/Adrian Petersen
BROWN TROUT ARGENTINA.                      PEIXOTO AGUILAR RECH filmmaker         Copyright 2014-2015. 
Todos los Derechos Reservados.

Arroyo El Alumbre Mode On.

La vorágine de la ciudad... me mata. Me carcome el alma, corroe los sueños, y entre esta batalla que pierdo, vendo mi alma día a día, siguiendo ese sueño que nunca es suficiente, siempre esta mas halla.



Pero, volvía a tomar la ruta, buscando no se que. Paz, comunión, silencio...respuestas. Jamas lo sabré. Y eso es lo que me inquieta, esa búsqueda incesante. La pesca con mosca, tal vez sea solo una escusa.

Volver a encontrar al espíritu del arroyo, sus duendes, la runa de cortaderas y brillos de sol. Retomar la comunión de entre los elementos, las circunstancias óptimas, ese contacto intimo con el pulso del lugar y sus habitantes... es algo espiritual.


Hacia unos meses, no encontraba el equilibrio.  Me era esquiva esa sensación que nos invade después de un buen día de pesca. Todo lugar que visitaba... había sido profanado ya con basura, latas, plástico, grafitis, crecidas y contaminación. Lugar donde mojábamos plumas, era funesto, sucio, desequilibrado y extraño. Llegue a no disfrutar la experiencia, de pescar en los arroyos mendocinos.

En la búsqueda permanente de esas sensaciones, con mas ímpetu que esperanzas... nos dirigimos al corazón del Andes Central mendocino, a mosquear algunos arroyos. Llegamos con el impulso, hasta el Arroyo Vacas, en el Parque Provincial Aconcagua, el cual estaba escaso de agua y algo turbio. Así, fuimos bajando... arroyo por arroyo. Perdiendo las esperanzas entre aguas lechosas y arroyos casi mudos.

Ya convencidos del retorno poco feliz, un pequeño cartel, casi in noto, anunciaba el arroyo. Siempre el Alumbre, fue muy mal tratado por pescadores con carne, por furtivos de redes asesinas y contaminadores crónicos. La fama le hacia honor y el fantasma se hacia chapa vieja y herrumbre en un auto desguazado en su cauce. Mil veces maldije a los autores de tal desmadre. Jamas entenderé, la necesidad de una persona de contaminar un espacio natural. Si bien esto fue un accidente, producto del exceso de alcohol de dos señoras, nadie retiro la chatarra.


En un estado de malestar, solamente por insistidor, arme mi vara #1, y solo por buscador... ate en el fluorocarbon 5x una Pheasant Tail en alambre #12. Mi intento poco esperanzado de imitar a una efemeroptera, fue premiado desde el primer pozon, bajo el trasto automovilístico. Una sensible tomaba me anunciaba, la jornada. Una Arco Iris manchada Par, de estirpe andina y escasos centímetros, tomaba la pluma alambrada.


Con apenas una sonrisa, dado que esa pequeña captura significaban dos cosas... habían truchas y estaban sanas, pero sospechaba que todas serian del mismo tenor, debido a las siembras ilegales y por el solo principio que una trucha joven habita estos lugares solo por una cuestión de pirámide de  población  y jerarquía. Las grandes... se posicionan en los líes. Ahora... donde podría hallar esa estructura perfecta en un pocket venido a menos por un caudal escaso...que lo convertía a los hechos en poco mas que un zanjoncito.

Consiente de que era necesario ir mas allá, buscar a las mas grandes, tome la decisión de hacer mas fino el tippet.  Con 50 centímetros de 7x, la formula se completaba con una Cooper Jhons en alambre TMC 100 BL de cuantía 24. Buscando ser imperceptible, aguas arriba, la sombra del sol caía a 30 grados sobre la costa.


Escasos centímetros, con altas temperaturas... poco oxigeno, no me daban pie a pescar algunas formaciones por mas de unos segundos. Pero, las sombras de las Arco Iris, eran evidentes. Me veían, me sentían llegar... había que engañarlas. Por varios metros arroyo arriba, truchas diez, mosca ... cero.


El murmullo del arroyo se transformaba, se hacia por partes mas elocuente. Mejoraba a cada paso. Cada recodo me mostraba nuevas formaciones y cada una de ellas, con potenciales capturas. Decenas de sombras fantasmales, captadas por la visión perimetral... me decían a viva voz...que habían truchas.

Habrán sido unas diez capturas de Arco Iris juveniles, alternado por algunas Marrones de Arroyo, una tras otra. Las que batallaban descomunalmente por cada milímetro de escama. Me percate entonces que el capturado estaba siendo yo. El que subía mas y mas por el curso del arroyo, como crío ilusionado.  Ni rastros de las enormes Fontinallis de los años 50, victimas del pecado de haber tenido carne asalmonada -pal proletario.



Llevábamos a penas 2.000 metros lineales de ascenso, a 1.700 m.s.n.m. y... el arroyo era a cada paso, mas perfecto, el pretendido. Las sombras del  Cerro El Pantano  se contrastaban con las brillantes laderas del Medano. Plagado de insectos terrestres, que pululaban por los recovecos y bajo los clastos, macro invertebrados cada ves mas grandes. La oxigenación dinámica provista por la misma estructura del curso, le confería mas vida... evidentemente.


Era predecible, que al mejorar la sinetica del arroyo, la vida explotara. La temperatura era ideal, unos 14 grados, y una transparencia perfecta. Todo... me ponían en escenario. La riqueza bentónica es muy importante, traducida en comunidades de plecopteras, de las familias gripotergidos y perlidos.

Habían sectores bastante cerrados, teniendo que vadear por dentro del arroyo varios metros. Esto me permitió, percibirlo desde otro punto de vista. Si bien, había que hacerlo con extremo cuidado, para no provocar disturbios mayores en el agua. en mi transito, iba descubriendo nuevas estructuras.  Metros mas arriba, mis ojos atentos a cada rincón, resonaron de imágenes y recuerdos. Cual puñal de adrenalina y con la certeza de haber llegado a un sector premium, me posiciones agazapado, para contemplar el perfecto paisaje.


Sabia de que se trataba. Un lies... donde caía agua desde escasos noventa centímetros a un modesto pocket. Lugar donde seguramente existen truchas con intenciones de ascender y otras, ocupando el lugar perfecto para comer y protegerse. A estas ultimas buscaría. Dado que deberían ser las grandes.

Protegido por la perspectiva y la corriente, mi reach cast intenta presentar la Cooper, a deriva natural, y que ingrese bajo las cortaderas. en el trayecto...percibo una sombra que apenas se mueve. Distingo el inconfundible pintado de una Arco Iris. Era grande... tomando la escala comparativa de lo que he pescado en el arroyo y la enorme emoción que me abordaba, la cual cataliza cual lente macro, las capturas.

Aun sigo presentando agazapado. Uno de mis cast, lleva la mosca al cuadro de visión del pez... ahora mi trucha. Una tomada contundente, y lucha fuerte... muscular hacia el fondo del pozon. eso me demostraba que era una trucha con experiencia de vida. Me incorporo y mi vara responde a la física. Los espasmos nerviosos activaban cada neurona y fibra de mi cuerpo acudiendo a dosis de adrenalina suficientes.


Unos minutos escasos de pelea... intentando eternizar cada segundo, ordenándole a la mente que me guarde ese suspiro... entre mis mas bellos recuerdos. END


Autor: Jorge Aguilar Rech.
Edición: Jorge Aguilar Rech
Fotografía: Pablo Aguilar para Peixoto & Aguilar Rech Filmmakers.
BROWN TROUT ARGENTINA.
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